16 de julio de 2020

Mónica Méndez Pérez, Caracas, Venezuela, Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.
A través de este relato, propongo una resignificación de la práctica educativa sobre la base de una experiencia desde el enfoque de una pedagogía afectiva, como aporte a la prosecución escolar en la educación media.

Destaco acá la importancia de una resignificación de la práctica educativa mediante la aplicación de una pedagogía afectiva, planteada ésta como un espacio en el que se desarrolla el proceso de enseñanza y aprendizaje centrado en el estudiante bajo un clima de convivencia donde se respeta sus individualidades y se le reconoce como un ser tan legítimo como el docente y cuyo propósito es incidir de manera positiva en la disminución de casos de abandono escolar. Por lo tanto, en la pedagogía propuesta se toma en consideración la dimensión afectiva de las personas como factor que favorece el proceso educativo. Para esto, se insiste en una conexión asertiva entre docentes, estudiantes y representantes, promoviendo de esta forma la construcción de un ambiente de convivencia con base en el respeto por las diferencias y el reconocimiento del legítimo otro.

Inicio el relato, con mi incorporación a la plantilla de profesores de una institución pública ubicada en una zona populosa de la ciudad de Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela. En ella, se ofrecen estudios del subsistema de educación básica, específicamente Educación Media General (EMG). Ésta abarca desde primer año hasta quinto año, atendiendo a una población cuyas edades oscilan entre los 11 y 18 años de edad. Allí asumí las responsabilidades de la coordinación de las 5 secciones de primer año de EMG que estaban abiertas en el plantel para ese momento. Desde entonces, y paralelo a las obligaciones del cargo, me dediqué a observar la situación en relación a la actitud de un grupo de estudiantes hacia las clases, sus estudios, sus compañeros, los docentes, la institución, entre otros aspectos que incidía de manera negativa, directa e indirectamente en su formación. Particularmente, comencé a hacer un seguimiento a los resultados que se obtenían al final de cada trimestre, así como el comportamiento en la asistencia de aquellos estudiantes cursantes de primer año en edades que oscilaban entre 14, 15 años y más, convirtiéndose luego en una investigación. 

Afortunadamente, un grupo de docentes de la institución, compartió en reunión mi preocupación por el problema multifactorial de abandono escolar de nuestros jóvenes, especialmente los mayores de catorce años que cursaban el primer año. Para este particular, el departamento de evaluación del plantel aportó datos útiles para la investigación como la cantidad de estudiantes que dejó de asistir a la institución y que aún no habían solicitado el retiro formal de la misma, lo cual indicaba que éstos no habían continuado con sus estudios. Es necesario acotar en este apartado, que para formalizar este trámite se exigía, para el momento de la investigación, la presentación obligatoria de la constancia de aceptación del estudiante, emitida por el plantel donde se inscribiría como garantía de la prosecución de sus estudios.

Como consecuencia a lo anteriormente expuesto, y como producto de las investigaciones hechas, me percaté que la problemática del abandono escolar de un número de niñas, niños y adolescentes en los países de América Latina, es objeto de investigación debido a la preocupación que genera en organizaciones, instituciones y particulares interesados en la educación como derecho humano en América Latina. Preocupación que abarca no sólo el hecho del abandono del sistema educativo, sino también aspectos como los factores que inciden en la toma de esta decisión, la identificación de los grupos afectados, los responsables y las consecuencias que esto acarrea.

Al respecto, se considera lo manifestado por Román (2013) quien destaca el hecho de que los sectores más vulnerables en la situación de abandono escolar sea la población de escasos recursos económicos, precisamente por no poder costear los gastos que genera la asistencia a la escuela y su participación en el proceso educativo. Asimismo, señala de manera preocupante, la responsabilidad en este asunto de la escuela como organización, al no ofrecer estrategias atractivas que logren acaparar la atención de los estudiantes y éstos opten por no cumplir con las obligaciones que le son exigidas, dejando de asistir regularmente a la escuela, y finalmente desincorporándose de manera definitiva del sistema educativo.

Para el momento de esta investigación, el Instituto de Estadística de la UNESCO (s/f), indica que Venezuela contaba con una tasa de finalización de educación primaria de 94,07%. En este sentido, se hace necesario señalar que las políticas educativas de inclusión y democratización implementadas en la educación pública del país como la prohibición de cobro por concepto de inscripción, la integración de las personas con discapacidad, el suministro de alimentos a través de la Comisión Nacional de Alimentación Escolar para proporcionar desayuno, almuerzo y merienda a los estudiantes que viven en zonas de situación de pobreza; la asignación gratuita de textos escolares de la Colección Bicentenario; el programa del Morral escolar que entrega un bolso contentivo de cartuchera, juego de geometría, lápices y borra; la instalación de ferias escolares en todos los estados del país para garantizar la compra de los demás útiles necesarios a precios solidarios; el Proyecto Canaima que pretende la incorporación de los estudiantes en el uso de la herramienta tecnológica con la intención de reforzar sus conocimientos, han contribuido en estos resultados. No obstante, el panorama en el nivel de educación media no se presenta tan optimista.

Es algo contradictorio ver que las políticas educativas están orientadas hacia acciones que aseguren el acceso a toda la población a la educación, garantizando la gratuidad y obligatoriedad de la misma, dotando a los estudiantes de las instituciones públicas parte de los materiales didácticos necesarios, proporcionándoles apoyo económica que ayude a solventar algunas carencias en el hogar, brindándoles un programa de alimentación escolar que les cubra el sustento necesario, entre otros. Pero a pesar de esto, se registran datos relacionados con el número de estudiantes que toman la decisión de abandonar el sistema educativo que causan alarma y preocupación en las organizaciones e investigadores interesados en el hecho educativo.

Un ejemplo de lo reportado en los párrafos anteriores, es la situación que a continuación se describe. En la institución en cuestión, desde el año lectivo 2013-2014, se matricularon e iniciaron en el plantel alrededor de 100 estudiantes en primer año, pero al conocerse sobre los resultados académicos no tan satisfactorios para algunos en el primer lapso, comenzaron a observarse inasistencias reiteradas, y en otros casos el abandono definitivo de los estudios. Esto ocurrió específicamente con los jóvenes de catorce años en adelante.

Por lo tanto, con esta investigación se pretendió generar un proceso de sensibilización y reflexión entre los docentes sobre una práctica educativa que ofrezca un clima de convivencia en el cual se reconozca la importancia del componente afectivo del estudiantado además del cognitivo con la intención de hacer más comprensible, amigable y humano el proceso educativo. Creando de esta manera un vínculo afectivo entre docentes, estudiantes y representantes que favorezca el acercamiento y la identificación de estos dos últimos con la escuela, logrando así incrementar el interés de los jóvenes por sus estudios y contribuyendo a disminuir el abandono escolar. De igual forma, se aspiró promover nuevas estrategias basadas en los principios de una pedagogía que al tomar en consideración la parte afectiva de los estudiantes, respete sus diferencias significativas, les reconozca su legitimidad, comprenda las dificultades derivadas de su personalidad, nivel socioeconómico, diversidades, con el propósito de lograr resultados que contribuyan a aminorar la problemática que se presenta en cuanto al abandono de los jóvenes mayores de 14 años que cursan el primer año de educación media.

Otro aspecto que mueve a la reflexión, es el hecho de que el proceso educativo y los docentes han insistido en considerar al estudiante, en la mayoría de los casos, como un receptor de información y conocimiento de índole academicista, colocando todo el interés en el desarrollo de sus habilidades cognitivas dejando en otro plano aquellas que tengan relación con las emociones, valores, sentimientos y afectos del ser humano. Por lo que refiere Restrepo (2000), que un pretendido rigor científico los excluyó de la escuela y del mundo académico. Los docentes están obligados a considerar una resignificación de su práctica educativa rescatando la concepción del estudiante como un ser que piensa siente y actúa, apostando a la combinación de estas tres dimensiones lo que resultaría en condiciones más favorables para el estudiante y su proceso educativo