22 de mayo de 2020

Sabina Ximena Inetti Pino, Montevideo, Uruguay. Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.
Como docentes siempre nos encontramos reflexionando sobre el diseño de nuestros cursos teniendo en cuenta la realidad de nuestros alumnos en un contexto de aula presencial Pero, ¿qué pasa cuando el contexto educativo cambia?

Ahora, en el período de marzo a mayo de 2020, nos encontramos en un contexto de educación a distancia en aulas virtuales con planificaciones y un nuevo paradigma educativo-tecnológico, que ya estaba en transición, pero que de golpe nos encontramos totalmente inmersos en el mismo.

Ante una nueva realidad los docentes nos organizamos para salir adelante, nos preguntamos mucho cómo haces aquello, qué recursos utilizar para tal tema, nos pasamos tutoriales y buscamos cursos online para realizar nuestro mayor esfuerzo en un contexto de incertidumbre. A su vez, nos movimos para contactar a nuestros alumnos y explicarles cómo acceder a las plataformas, realizamos videos tutoriales sobre temas o solamente para tratar de continuar con ese contacto visual, auditivo y de sensibilidad que tienen las clases presenciales.

Dentro de esa sensibilidad cotidiana que nos permitía percibir las distintas situaciones que viven los alumnos ahora al cambiar las relaciones espaciales nos hacemos nuevas preguntas:¿Nuestros alumnos tienen conexión a internet en sus dispositivos y hogares?, ¿Tienen los alumnos dispositivos que les permitan ingresar a las plataformas o dependen de algún familiar para ello?, ¿Se encuentran en algún lugar adecuado para estudiar y realizar todas las tareas?, ¿Cómo los alumnos se organizan para realizar las tareas?, ¿Qué pasa con la sobrecarga cognitiva?, ¿Cuál es el estado emocional de nuestros alumnos en el momento de realizar las tareas?, ¿Se encuentran contenidos ante la falta de contacto con sus compañeros, familia y docentes?, ¿Qué necesidades básicas deben ser cubiertas como por ejemplo las alimenticias? Las mismas preguntas también se las puede cada uno realizar a los docentes que también pasan por situaciones muy complejas.

 Todo esto lleva a que nuestro trabajo ya no se concentra solamente en el diseño de los procesos de enseñanza y aprendizaje en el aula sino en las diversas variantes según la situación que le toca vivir a cada docente y alumno. Siempre se ha tenido en cuenta los contextos de procedencia, las problemáticas emergentes, la contención en el aula, pero ahora ya no hay fronteras para ello. Esto hace que las diferencias en el acceso a la educación sean muy evidentes y las desigualdades se ensanchen cada vez más.

Por ello es necesario reflexionar desde la “Alteralidad” sobre las diversas posibilidades de llegada de nuestras tareas y que su diseño contemple todas las preguntas antes mencionadas. Es decir, si antes ya nos poníamos en el lugar del otro para llevar adelante nuestra clase, ahora hay que hilar mucho más fino en ello.

Uno de los aspectos principales es tratar de evitar “la sobrecarga cognitiva” en relación a la cantidad de tareas que reciben los alumnos por día o semana. Por suerte he tenido la oportunidad de hablar con ellos a través de videoconferencias y lo que muchas veces plantean es que no saben organizarse y autorregular su proceso de aprendizaje en el día a día. También agregan que si un día por algún motivo no pueden realizar las mismas se encuentran con una avalancha de tareas lo que les genera ansiedad para su resolución y entrega en fecha. Muchas veces no tienen impresora en sus hogares para realizar la lectura de textos sin mirar constantemente la computadora; aspecto que agota y puede traer aparejada problemas en la vista. En otras situaciones los alumnos dependen del dispositivo de sus padres y madres o hermanos mayores lo que implica realizar las tareas en horarios en donde ya se encuentran cansados de todo el día, les causa cambio de sueño, pues se quedan hasta muy tarde estudiando. En lo personal me pasa de recibir la mayoría de las tareas a partir de las 20:00 horas y no es casualidad. Otras veces, los alumnos no tienen conexión a internet y algún familiar busca una copia de la tarea en el centro educativo o de la casa de algún compañero para entregar la tarea resuelta en el mismo formato. Además de usar aplicaciones como WhatsApp o páginas de Google Sites alternativas a las que se usan de forma institucional han resultado muy beneficiosas. Lo que demuestra que las experiencias como las formas de resolución son infinitas teniendo en cuenta no solamente lo colectivo sino lo individual reflexionando en cómo me acerco al otro con mi propuesta desde la distancia. Y es aquí donde hay que hilar más fino, en las diversas formas de aprender de cada alumno, en si tiene dificultades de aprendizaje, alguna discapacidad, si precisa una guía más personalizada para resolver las tareas, una diversificación curricular para acceder a las tareas de forma secuenciada o porque necesita un mayor nivel de exigencia, si se aplica el lenguaje fácil, etc. Todos los detalles mencionados son fundamentales en el momento de elaborar las consignas con formatos de audios, video e imágenes que incluyan los diversos procesos de análisis e integración de contenidos específicos, habilidades para aprender a aprender esos contenidos y actitudes para que los alumnos construyan su pensamiento crítico en relación con lo aprendido y su realidad cotidiana.

Desde mi experiencia se aprende mucho trabajando de forma colaborativa con otros docentes y alumnos debido a que los ida y vuelta te permiten reflexionar sobre lo que funciona o es necesario revisar desde lo que precisa el otro en un proceso de enseñanza y aprendizaje a distancia. Lo que implica un máximo de “Alteralidad” y comunicación bidireccional para que el encuentro sea posible entre docentes, alumnos, familias y la comunidad educativa en general.