15 de septiembre de 2021

Shutterstock / pong-photo9

Antonio Montero Alcaide, Universidad de Sevilla

El currículo del sistema educativo, es decir, qué debemos enseñar a niños y jóvenes, ha sido y sigue siendo continua causa de preocupación.

En este artículo me centraré, en primer lugar, en analizar qué modelo de currículo es el que mejor explica su configuración en el sistema educativo y cuáles son sus finalidades básicas. Después, por qué las reformas educativas, que afectan al currículo, tienen repetidas limitaciones para alcanzar acuerdos básicos. Finalmente, cómo considero que deben ser los contenidos de la enseñanza; sobre todo, en la educación obligatoria.

Existen distintas teorías o modelos que explican el currículo. También son variados los análisis sobre el diseño y el desarrollo de las reformas. Cada vez que se produce un cambio en el sistema educativo, el debate público y social se incrementa y los contenidos adquieren mayor protagonismo. Surgen debates y controversias sobre su consideración en la ordenación de las enseñanzas.

Un conjunto de elementos relacionados

En el caso de las enseñanzas escolares, hay que tener en cuenta las conocidas como teorías técnicas del currículo. Definen el currículo como un conjunto de elementos interrelacionados: competencias, objetivos, contenidos, métodos didácticos o criterios de evaluación. Y de ese modo figuran en la regulación de las enseñanzas.

Otras teorías, de carácter práctico, prestan más atención a las relaciones educativas que se establecen en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por otro lado, las teorías críticas sostienen la utilidad del currículo para propiciar algunas posibilidades de transformación social. En cualquier caso, todas estas teorías influyen, en distinto grado, en el currículo.

Considerado este como un conjunto de elementos relacionados, ¿cuál es su finalidad principal? En el caso del sistema educativo español, actualmente en proceso de reforma, los aspectos básicos de tales elementos se denominan enseñanzas mínimas. Y su regulación tiene un doble propósito: asegurar una formación común y garantizar la validez de los títulos académicos.

La selección de los contenidos que deben enseñarse forma parte, por ello, de las enseñanzas mínimas. Y estas son objeto de desarrollo, después, por las distintas administraciones educativas y los centros docentes. Como se verá en los apartados siguientes, el modo en que se llevan a cabo las reformas influye, de manera relevante, en la selección de los contenidos de la enseñanza. Y estos, al definirse, también guardan relación con modelos de persona y de sociedad que se construyen, preferentemente, en la educación escolar.

Los limitados los efectos de las reformas

La propia naturaleza de las reformas tiene mucho que ver con el poco efecto que alcanzan. Generalmente, son cambios amplios, que afectan a distintos ámbitos del sistema educativo. Y, por ello, suelen poner el acento en grandes fines, en retos mayores, sin que en muchos casos se adopten medidas suficientes que faciliten las condiciones para alcanzarlos.

Por otra parte, se confía en la adopción de los cambios una vez que se publican las regulaciones normativas que los establecen. Cuando, en realidad, existen muchas otras cuestiones que influyen de manera decisiva. Es el caso de la organización y el funcionamiento de los centros o del desarrollo profesional docente.

Puesto que estas reformas afectan a derechos básicos, como el de la educación, requieren procesos de participación pública en su diseño. Por tanto, una reforma será más asumida si en su elaboración se logran acuerdos básicos, con amplio apoyo, que predispongan los cambios y la implantación de los mismos. Sin embargo, tales acuerdos no suelen ser viables y las reformas educativas se suceden en el tiempo según los cambios de Gobierno, de lo que resulta una inestabilidad poco conveniente, entre otros aspectos, para la definición de los contenidos esenciales, de los saberes básicos, de la enseñanza.

Características generales de los contenidos

Entre los elementos del currículo, los contenidos suelen recabar mayor interés. Aunque parecida atención debería prestarse a otros. Es el caso de las competencias y objetivos que se pretenden, de cómo se enseña y se aprende, o de qué manera se lleva a cabo la evaluación.

También se abre la controversia sobre la naturaleza de los contenidos. Si han de ser, principalmente, conceptos, hechos o datos. O si debe prestarse la misma atención a saberes prácticos y a esos otros que conducen al desarrollo de actitudes. De parecida forma, cómo enseñar los contenidos lleva al debate sobre el papel de los docentes y del alumnado en los procesos de enseñanza y aprendizaje, con algunas particularidades que afectan, por ejemplo, al sentido de la memorización o a la capacidad de los estudiantes para aprender a aprender.

Los contenidos básicos de la enseñanza deben corresponder, entonces, a aquellos saberes, en su más amplio sentido, cuya adquisición es necesaria por la totalidad del alumnado. Ya que, no alcanzándolos, puede darse una situación de desventaja personal y social. Se trata, por tanto, de contenidos que deben adquirirse con las condiciones propias de la educación escolar: en las edades de esta y con los compañeros de edad. De modo que, adecuadamente alcanzados, resulten viables y efectivos los procesos posteriores de educación permanente.

Tales saberes básicos precisan de un amplio consenso social, al ser indispensables y esenciales. Y su enseñanza debe realizarse de manera que se garantice la general adquisición de los contenidos y el carácter significativo de los aprendizajes.

En definitiva, los contenidos de la educación importan y preocupan porque son referencia principal de los procesos de reforma. Y, sobre todo, porque han de sustentar el adecuado desarrollo personal y social del alumnado.The Conversationhttp://theconversation.com/es/republishing-guidelines —>

Antonio Montero Alcaide, Profesor del Dpto. de Didáctica y Organización Educativa. Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Sevilla

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.