20 de noviembre de 2020

Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.
Cesar Vicente Benavides Torres
Casa De La Ciencia Y El Juego
I.E.M. Aurelio Arturo Martinez
Facultad educación Universidad De Nariño
Estefanía Benavides Guerrero
Universidad Icesi Cali
Quimica Farmaceutica
Pasto Nariño Colombia

Hacerse la vida a cuadritos en los países hispanos, podría ser como el juego en un tablero de ajedrez, complejo y con obstáculos, con muchos momentos para pensar, con retos que te pone el contendiente y con estrategias variadas para salir airoso en la partida. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua “estar o quedarse en cuadro” es una locución que se aplica a una corporación o familia cuando queda reducida a un corto número de miembros, o también a una persona cuando ha perdido su familia y bienes”. Más genéricamente, se puede interpretar que “se ha quedado en cuadro”, cuando en una reunión o situación donde los asistentes han quedado reducidos al mínimo, o cuando la mayoría de su personal está ausente, ya sea por vacaciones, enfermedades o despidos. En el mundo militar, se aplicaba cuando: “una unidad perdía a su tropa en la batalla y solo quedaban los mandos militares, es decir, el cuadro de mando”. Por ello quedarse en cuadro o a cuadritos, acabó significando quedarse con los mínimos indispensables dentro de un grupo inicialmente mayor. Ahora la expresión “quedarse a cuadros” significa quedarse profundamente sorprendido y perplejo cuando te cuentan algo que te asombra o te parece ilógico o impensable que pudiera suceder y no sabes cómo reaccionar. La expresión se ha hecho noticia a raíz de que la Alcaldesa de Bogotá manifestara que los venezolanos nos están haciendo la vida a cuadritos, generando varias opiniones críticas.

Hoy asistimos, gracias a la pandemia y su protagonista principal el antihéroe COVID-19, a la denominada “pedagogía a cuadritos”, o a la expresión “que nos dejan en cuadro o a cuadros”, que encierra un escenario de incertidumbre, retos, obstáculos y oportunidades que debemos profundizar para extraer sus mejores cualidades.

Las plataformas diversas con las cuales se ha podido continuar con el proceso de enseñanza aprendizaje, traen varias y diversas actuaciones de sus protagonistas. Una clase remota puede comenzar así: Siempre una cámara encendida, la del docente, tutor, o conferencista, que acapara toda la atención. Todos los participantes en cuadritos. A continuación, la consabida frase manida: “Les voy a compartir pantalla”, seguida de otra pregunta pesada: “¿me pueden confirmar que están mirando la pantalla?”, para luego escuchar el audio que ilustra el cuadrito de la pantalla. Hay de todo, expositores brillantes, y desafiantes y otros pasivos. Por otro lado, se anuncia que la conferencia, clase o diálogo, quedará grabada para quienes no la pueden mirar en tiempo real. Lo sincrónico y asincrónico ya hace parte de la jerga tecnológica mundial.

Pero lo verdaderamente impactante y curioso, son las pantallas a cuadritos de las clases de docentes universitarios y de colegios, que se puede describir de la siguiente manera: Una cámara prendida, la del docente, y muchos cuadritos con nombres reales unos, otros seudónimos, fotos y todos con los micrófonos y cámaras apagadas. Participantes taciturnos y fríos. Muchos están, muchos no están. La comunicación con los cuadritos se hace difícil y fácil, todo depende de la estrategia utilizada. El silencio y la poca participación pueden entenderse en el peor escenario como: no les interesa la temática, no quieren participar, es muy aburrido, están ocupados en otros menesteres, no están presentables para la ocasión, otros pueden no estar. No obstante, no se puede demeritar a todos aquellos que en silencio están comprometidos con su aprendizaje individual. Sin embargo, para nadie es un secreto que tranquiliza que la clase quede grabada. Es una verdadera comunicación sin comunicación o una verdadera incomunicación. Si la estrategia y la temática son interesantes, se puede motivar e invitar a su participación y ello obliga diariamente a realizar una autoevaluación de las clases remotas en todos los niveles educativos. Participar abriendo el micrófono, ya es una hazaña por el temor que causa estas nuevas modalidades, pero gran hazaña será utilizar audio y video, que muestra no solo de cuerpo presente quién interviene, sino que muestra su entorno inmediato, que muchos no quieren compartir, con justa razón por ser parte de su privacidad. Otros aducen falta de datos y problemas de internet. Excusas o realidades.

La “pedagogía de los cuadritos” requiere un profundo análisis diario. Hay quienes no lo necesitan, pues ya se sienten expertos ante este gran remezón que nos provocó el virus contagioso. Pese a ello, es importante compartir algunas gestiones que sospechamos pueden contribuir a romperle el espinazo a la “pedagogía de los cuadritos”, que puede llevarnos a una insensibilidad preocupante, y mirar desde la barrera como pasa la crisis y adentrarnos en una “nueva forma de comunicación”, que no comunica, ni acerca, ni enseña. 

Lo primero será animar la llegada de los “cuadritos” con música que fortalezca el tema a tratar. No sé si todos los temas se pueden animar musicalmente, pero vale la pena intentarlo. Un poco de afecto musical, puede ser una alternativa que alegre el espíritu de los “cuadritos”. Luego un caluroso saludo de bienvenida y esperar la respuesta. Preguntar por el estado de ánimo, funciona muy bien y dar la oportunidad para contar experiencias, vivencias, sufrimientos, dificultades, engancha a los seres humanos que están detrás de los “cuadritos”. Todos conocemos y hemos escuchado que los adolescentes son más visuales, entonces es interesante mostrar imágenes retadoras, potentes y asombrosas del tema a conocer. Si la imagen es discrepante y divergente, aflora los audios de manera natural. El “sorprendizaje”, palabra creada por un español Ramón Barrera formador y comunicador ofrece un interesante análisis sobre los retos del futuro, que pueden servir en esta época. Es una alternativa valiosa que los docentes debemos profundizar cotidianamente. Una vez la atención está a flor de piel, se puede presentar el tema central de forma amena, divertida y puntual. Aquí hay una gran lección aprendida. La educación remota no es el espacio para “dictar” clase como en la época presencial. Hay que eliminar las angustias del “estoy atrasado”, “no voy a terminar el programa” y convertirlo en un espacio para inspirar a los estudiantes, para fortalecer el aprendizaje autónomo, para que descubren su elemento o juguete preferido, a la sazón de Ken Robinson o Gabriel García Márquez respectivamente.

Cuando la actividad planteada para la casa, fue leer un capítulo de un libro, me sorprendió gratamente escuchar detrás de un cuadrito la frase: “Yo leí el libro completo”. Qué maravilla. Lograr que más estudiantes, que se protegen tras los “cuadritos”, conquisten un aprendizaje soberano, independiente, autónomo, será una excelente alternativa para contribuir en la formación de seres humanos adaptables, comprometidos, éticos, disciplinariamente fuertes y excelentes ciudadanos que necesita el mundo. Se convirtió en todo un reto el aprendizaje remoto y aún más cuando regresemos al “moderno” aprendizaje presencial, donde existirá la constante distracción del autocuidado y la bioseguridad. Igualmente, este cambio de actitud pedagógica, se debe abordar en la evaluación que debe ser coherente con esta nueva condición que nos impone el distanciamiento físico para evitar los masivos contagios: ¿Estrategia de los cinco porqués?, Haiku, Espina de pescado, telaraña, mapas mentales como los sugeridos por la argentina Vivian Minnaard, como estrategias de trabajo colaborativas.

Esta nueva situación pedagógica nos obliga a intentar otras alternativas, diferentes estrategias, que nacen de la reflexión diaria de cada encuentro o clase. El objetivo de este análisis es quedar cada vez con menos “cuadritos negros” en la pantalla o a “cuadritos” en una pantalla. De lo contrario, si no abordamos el reto de diseñar excelentes clases que motiven, inspiren, alienten y enseñen a aprender autónomamente estaremos condenados a una clase infructífera, donde el estudiante se sienta en deuda con su proceso académico o incluso un vacío aún más grande que en la presencialidad.

Este trabajo extra lo desconocen los directivos y la sociedad que piensan que los maestros trabajando a nivel remoto, estamos descansando o ganándonos la vida cómodamente. Sin reconocer, que somos nosotros los que hemos buscado satisfacer a cabalidad este proceso aun con todas las dificultades que la pandemia puede representar. Nosotros nos hemos visto en la obligación de adecuar nuestros espacios de trabajo y nuestra vida con el fin de garantizar un proceso adecuado a cada uno de nuestros estudiantes. El reto ha sido difícil, pero de nuestra parte pueden estar seguros que no desfalleceremos hasta encontrarle la “comba al palo”. 

Otro nivel de contaminación tecnológica, es el hacinamiento de “cuadritos”. Si ya era difícil y preocupante en la presencial, es aún más difícil su manejo, a control remoto. Estas nuevas modalidades tipo Zoom, pueden funcionar mucho mejor, cuando los grupos son pequeños y el diálogo se puede establecer con todos, humanizando los cuadritos y descubriendo la sensibilidad en ellos. Si estas modalidades persisten las Universidades y Gobiernos deben apropiar mayores presupuestos para contratar más docentes, que atiendan cursos más humanos y más dialogantes.

En los años 30, las historietas con relatos de ciencia ficción capturaron la imaginación y la preferencia de los lectores. Las narraciones lógicas y emocionantes, en cuadritos, fueron la sensación. Los superhéroes fueron los protagonistas. Umberto Eco afirmaba que: «la historieta (en cuadritos), es un producto cultural, […] y funciona según toda la mecánica de la persuasión oculta, presuponiendo en el receptor una postura de evasión que estimula de inmediato las veleidades paternalistas de los organizadores […] Las historietas, en su mayoría, reflejaban la pedagogía del sistema de la época. Hoy también se utiliza para satirizar y criticar al sistema de manera directa o metafórica. ¿Será que con la “pedagogía a cuadritos” estamos reproduciendo las injusticias y la violencia que campean en nuestra sociedad? ¿Qué tal si fortalecemos el pensamiento crítico y el aprendizaje autónomo e inspiramos a nuestros estudiantes? ¿Qué sucedería, si la crítica constante a la pedagogía de los cuadritos nos lleva por la senda de la innovación y el “sorprendizaje” permanente? ¿Volveremos a la misma escuela, al mismo colegio o la misma universidad, cuando nos inoculemos la vacuna? Entre tanto la pedagogía de los cuadritos merece toda nuestra atención y crítica propositiva para hacer de nuestras clases una verdadera experiencia. La pedagogía a cuadritos en tiempos de pandemia refleja nuestra sociedad en sus falencias y oportunidades.

PEDAGOGIA A CUADRITOS. Una oportunidad para fortalecer la crítica constructiva y la humanización de la educación.