14 de agosto de 2019

Es importante que como docentes orientemos a nuestros estudiantes hacia un uso racional de la tecnología integrándola no solo al aspecto educativo pero también como recurso en su vida profesional, personal, familiar y social.

Es un mito generalizado que los jóvenes nacen con el uso de la tecnología bajo el brazo. Me gusta hacer la comparación con un niño que nace a orillas del mar, río o lago. Aprenderá a nadar sin duda al tiempo que aprenda a caminar imitando a quienes ya han aprendido a hacerlo. Por otro lado, un niño que nace en la ciudad y desea aprender a nadar, no tiene otra alternativa que asistir a una piscina. Pero en esta piscina no lo van a tirar al agua para que aprenda imitando a los demás. Lo más seguro es que le paguen clases de natación donde el instructor le enseñará a tirar brazadas, cómo hacer las patadas, sincronizar brazadas con patadas, sincronizar la cabeza con las brazadas para tomar aire, y en fin una serie de técnicas que el niño que aprendió por imitación no conoce. A la larga, el niño que aprendió con instructores practicando técnicas aprendidas tendrá una mejor posibilidad de desarrollo en la natación.

 

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