18 de noviembre de 2019

Gerardo Mora (Ciudad de México).
Se presenta una experiencia de enseñanza de la Historia en educación básica (secundaria) utilizando principios de la metodología científica.

La Doctora Rosaura Ruiz define a la ciencia como: “el conocimiento acerca del universo formulado en forma de conceptos explicativos, sustentados por la observación empírica y sujetos a la posibilidad de refutación empírica o conceptual” (México: El universal, 27/08/2016).

Esta definición se debería aplicar a la Historia como asignatura escolar para que cumpliera con sus propósitos curriculares. En principio porque la Historia es una explicación del pasado a partir de evidencias empíricas, aunque poco se practica la refutación aun en la educación superior. Peor aún en la básica, donde se le presenta como un conocimiento cerrado que debe memorizarse y repetirse sin analizar.

En la complejidad del aula, los alumnos tienen diferentes conocimientos y actitudes que afectan su aprendizaje. Por esto, es difícil que el profesor pueda adecuar las actividades didácticas a todos los alumnos, especialmente en la escuela secundaria en la que enseña en varios y numerosos grupos. Si consideramos otros factores culturales y sociales, el aprendizaje de la metodología científica como forma de conocimiento escolar resulta casi irrealizable.

Comunidad de Educadores: Un espacio para visibilizar el pensamiento de los docentes

La Red Iberoamericana de Docentes (41.400 miembros) quiere aprovechar la gran visibilidad que tiene sus blogs, tanto en la Red como en abierto, y va a iniciar una etapa en la que se van proponiendo temas de interés para la profesión docente que se actualizarán cada dos meses y que serán revisados por nuestro Comité Académico con el compromiso de hacer un retorno de todo lo recibido. Los docentes que a lo largo de 2020 publiquen un mínimo de 5 artículos recibirán un certificado acreditativo. El registro en esta acción es libre y gratuito y las entregas se harán a través de una plataforma Moodle para tener un control y las herramientas de evaluación adecuadas. Todos lo interesados puede registrarse desde hoy hasta el 31 de diciembre de 2019. Los datos que se solicitan son los necesarios para emitir, en caso de haberlo logrado, los certificados. Registro en: https://forms.gle/ssatywJomDsff2T27

Y en 2020 haremos entre todos el Año Iberoamericano de la Cultura Científica

Considerando que en el currículo de secundaria hay dos cursos anuales de Historia –divididos en 5 bimestres- con cuatro sesiones semanales de 50 minutos, es posible iniciar un proceso de “alfabetización” (literacy) científica a partir de la complementación de dos estrategias didácticas: el aprendizaje basado en problemas (ABP) y el aprendizaje por proyectos (AP).

Los cursos están divididos en temas que abarcan la Historia moderna del mundo y de México, por lo que los presentamos en cada “clase teórica” como preguntas que impliquen comprender información (datos, conceptos) para responderlas lógicamente (inferencias sujetas a refutación). En efecto, la secuencia didáctica se divide en un inicio “problematizador”, la “esquematización” de datos y conceptos y el cierre evaluativo de los aprendizajes.

Al fundamentar su Enseñanza para la comprensión David Perkins señala que los andamios cognitivos suelen ser necesarios para el aprendizaje. En Historia serían los organizadores gráficos o esquemas monográficos (radial, árbol, 5w-qué, dónde, cuándo, quién y por qué), cronológicos (proceso y acontecimiento) y analíticos (espina, uve, dilema, situación/problema, evidencias/inferencias). Su uso evita –o al menos limita- los dictados y los copiados, permitiendo al alumno analizar la información presentada por el profesor tanto de los libros de texto gratuito como de otras fuentes. En el cierre el estudiante redacta su respuesta y se cuestiona por todo el grupo.

Progresivamente, el dominio de estos esquemas se interioriza en el alumno haciendo innecesario al organizador gráfico. En efecto, el alumno ya no lo requerirá para realizar descripciones, narraciones o explicaciones de los temas de cada clase. Cabe mencionar que la “esquematización” la aplicamos exitosamente en las prácticas docentes de la especialidad de Historia (Escuela Normal Superior de México).

Este aprendizaje cognitivo lo hacemos integral con los proyectos, similar a los “clubes de ciencia”. Con trabajo colaborativo, los alumnos presentan exposiciones museográficas, dramatizaciones y otras expresiones creativas en las que utilicen sus aprendizajes declarativos. Tanto en las “clases prácticas” como fuera del horario escolar, los equipos elaboran réplicas, cédulas, dioramas, periódicos, guiones, escenarios, vestuarios y otros productos para exponerlos a compañeros, profesores y familiares. Aquí aprenden no sólo procedimientos sino actitudes y valores que también influyen en su medio. El aprendizaje entonces es “situado” (según Frida Díaz) y se torna “significativo”, en el sentido original de Ausubel.

Nuestros asesorados realizan esta propuesta didáctica (que denominamos modelo de educación histórica) en escuelas públicas, a las que asiste la mayoría de la población. En ellas, son habituales problemas como el bullying, las adicciones, la pobreza y el desinterés hacia el aprendizaje escolar. Esta situación incrementa los malos “ambientes” y bajos “desempeños”, la reprobación y la deserción, afectando a millones de alumnos en todo el país.

Tal problemática requiere modificar los contenidos escolares de Historia. Entre la historia de héroes y villanos, o las cronologías de hechos nacionales, los enfoques tecno-científicos y patrimoniales pueden ser más formativos que informativos o dogmáticos. Pero, sobre todo, son más interesantes para los alumnos. Así la motivación no sólo es extrínseca (didáctica) sino también intrínseca (relevancia).

Los “ámbitos” económico, social, político y cultural difícilmente se integran en el estudio de los temas, como lo recomienda el programa de estudios. Esto se lograría incluyendo la historia de la ciencia y la tecnología, y la historia patrimonial, con su vertiente natural, o considerando ambos enfoques historiográficos como los “ámbitos” para integrar los temas estudiados. Como miembro de Iberciencia presento esta experiencia como aporte a la educación mexicana.