14 de enero de 2020

Oscar Cáceres.
Avia Terai – Chaco
Argentina
Comunidad de educadores de la Red de Docentes IB

“El acto educativo promueve nuevos hallazgos.
Abre así las puertas a mundos desconocidos e imprevisibles para cada uno.
Y cada uno tendrá, en ese sentido, que inventar(se) allí.”
Violeta Nuñez

Desde el momento en que se inicia una jornada educativa cada docente y cada institución ponen en juego esos supuestos en sus prácticas, sus diálogos y en cada una de las acciones que establece. Por lo tanto, el punto de partida para la innovación en educación queda vinculado a la reflexión sobre la práctica y a la apertura a repensar los saberes docentes y las necesidades educativas que hoy requieren las nuevas generaciones; y sería oportuno preguntarnos: ¿qué sucede en nuestro escenario, en relación con el proceso de enseñanza-aprendizaje?

Comunidad de Educadores: Un espacio para visibilizar el pensamiento de los docentes

La Red Iberoamericana de Docentes (41.600 miembros) quiere aprovechar la gran visibilidad que tiene sus blogs, tanto en la Red como en abierto, y va a iniciar una etapa en la que se van proponiendo temas de interés para la profesión docente que se actualizarán cada dos meses y que serán revisados por nuestro Comité Académico con el compromiso de hacer un retorno de todo lo recibido. Los docentes que a lo largo de 2020 publiquen un mínimo de 5 artículos recibirán un certificado acreditativo. El registro en esta acción es libre y gratuito y las entregas se harán a través de una plataforma Moodle para tener un control y las herramientas de evaluación adecuadas. Todos lo interesados puede registrarse desde hoy hasta el 31 de diciembre de 2019. Los datos que se solicitan son los necesarios para emitir, en caso de haberlo logrado, los certificados. Registro en: https://forms.gle/ssatywJomDsff2T27

Y en 2020 haremos entre todos el Año Iberoamericano de la Cultura Científica

Este proceso no queda limitado desde ningún aspecto profesional, académico o científico; sentarse en un pupitre, dentro de un aula, copiar cuentas del pizarrón, escribir oraciones o responder meras preguntas de un texto. Más bien este proceso tiene significación cuando se generan situaciones de pensamiento, de conflicto y solución, problematizar, discutir, hipotetizar, criticar, enseñar a aprender. La enseñanza trae la realidad a cada aula para comprenderla, organizarla y así después, -cada niño, cada adolescente, cada joven- tiene la posibilidad de transformarla, desde sus competencias, capacidades y deseos. Es por ello, que como Institución de Educación Superior debemos comenzar a transitar o apropiarnos de ámbitos que en la actualidad se encuentran como en un estanco, me refiero al ámbito investigativo, a los fines de formular “cuestionamientos” a través de la reflexión y análisis de la producción teórica y/o realizaciones prácticas que no coincidieron con los fundamentos de su propio funcionamiento y que impiden el logro de los objetivos propuestos.

No podemos dejar de reconocer que hay quienes sostienen que, si hay enseñanza, automáticamente hay aprendizaje. Aspecto que hoy debiéramos poner en consideración para avanzar en la reflexión sobre la práctica. Si bien cuando se enseña, hay intenciones y propósitos del docente, nunca ese resultado es una certeza de que ello suponga una buena enseñanza. Si el alumno no aprende, ¿quién fracasa? ¿el educando?, ¿el que enseña? ¿Ambos?... Propiciar una “buena enseñanza” no alcanza con formarse técnicamente, como a veces, se intenta, sino que es ineludible comenzar por deconstruir, (lo que implica generar procesos de reflexión para comprender y resignificar la propia historia escolar) y así darle un nuevo sentido a nuestro ser docente...

Para producir innovación en nuestras prácticas docentes, debemos tener presente: la creatividad y la motivación. Sin dudas, lo cotidiano de las prácticas institucionales, las estructuras, la búsqueda del orden, la necesidad muchas veces de tener que “controlar” gran cantidad de alumnos, etc., hace que las prácticas docentes puedan volverse en cierta manera rutinaria y entonces ese es el momento para que dejemos salir a ese educador creativo y activo que las organizaciones terminaron por enmarcar....

En un complejo conjunto de acciones del docente se van organizando las acciones áulicas, que le dan un espacio a los contenidos, a los productos y a los procesos que se van generando en el aula. Se repiten estrategias instruccionales para generar procesos de enseñanza. La vida en las escuelas obedece a una cultura de organización, control y “vida académica” que es similar en todas. Así, la estructuración de sus horarios, sus dinámicas grupales, la administración de la escuela, el control de los alumnos y de los docentes se torna muy parecido en nuestras escuelas; las prácticas escolares son muy regulares y previsibles. El concepto de creatividad seguramente quede vinculado a diversas dimensiones que hacen al ser humano. Así pensar en un acto creativo pone en juego las emociones, lo social, lo artístico, lo intelectual, etc.

Por eso la educación en términos de novedad, trae con la creatividad la posibilidad de dar lugar a lo diverso, lo diferente, lo creativo que surge de lo particular de cada sujeto. Cada sujeto es una novedad para el otro, por el propio hecho de ser y desde allí el acto de educar se vuelve un acto de creación. De ahí la necesidad de tener que pensar primero las rutinas cotidianas para analizar como muchas veces opacan u oscurecen la posibilidad de que lo nuevo de las personas, los lugares, las instituciones sean miradas centralmente. La rutina y la cotidianeidad se tornan más sencillas de implementar, no hay que estar pensando mucho ya que sólo requiere repetir una práctica que viene día a día poniéndose en acto. La estructura rutinaria no trae conflicto, ni nada debe ser pensado ya que fue hecho de antemano, solo requiere acomodarse a un statu quo.

Hoy educar a los sujetos del siglo XXI nos exige y demanda de otras formas que dé lugar a las necesidades de los educandos que conforman las nuevas generaciones. En otras palabras “No podemos enseñar a los alumnos del siglo XXI con docentes del siglo XX y métodos del siglo XIX” y entonces se vuelve necesario construir desde otras estrategias y metodologías, nuevas formas de pensar las situaciones didácticas en el aula. En la labor cotidiana que realizamos como docentes, es probable que existan esquemas prácticos que hemos utilizado por mucho tiempo y que, a pesar de que en apariencia funcionan, quizá sería conveniente revisar para confrontar realmente su pertinencia en la labor de educar a otro.

En principio, se podría pensar en las posibilidades de modificar la práctica y en particular las ideas sobre el profesionalismo docente; para iniciar un camino de transformación de las metodologías pedagógicas que deben implementarse en ámbito educativo. La innovación queda ligada a cierta calidad en educación que se ha vuelto, para muchos, una gran preocupación. Y entonces podríamos pensar que más que calidad educativa necesitamos una educación de calidad. Y no es lo mismo ya que el primer término alude a un exceso de eficientísimo y el segundo a la eficiencia, es decir a brindar una buena educación, la mejor posible, a la mayor cantidad de sujetos. Que insistimos, no se limitan a una escuela ordenada, disciplinada, con muchas tareas en las carpetas de los alumnos y muchos pizarrones llenos de palabras. Una educación de calidad es otra cosa...

Una educación de calidad debe incluir instituciones educativas que piensan sus organizaciones como el resultado de procesos de participación y toman en consideración la presencia real de aquellos que llegan: estudiantes, docentes, familias, comunidad. Una educación de calidad supone docentes con saberes académicos y disciplinares actualizados que tengan como meta ser mediadores entre el conocimiento y los estudiantes; andamiando sus aprendizajes para que la comprensión, el conflicto cognitivo, la problematización sean sus herramientas usuales. Una educación de calidad conlleva a la concepción de estudiantes activos y participantes, que desplieguen su curiosidad por saber y conocer; que más que aprender respuestas, se abran a las preguntas, comprendiendo que son ellos los sujetos de sus trayectorias de vida y actores de las transformaciones en la sociedad.

Debemos tener en cuenta las características de los educandos y aquí aparece la consideración acerca de la diversidad con la que llegan a las aulas: situaciones socioculturales, económicas, discapacidades, experiencias escolares anteriores, situaciones de vida emergentes, etc. que hacen que la educación brinde la oportunidad y la posibilidad de aprender de la mejor manera que cada sujeto pueda, superándose y aprendiendo a hacerlo en el transcurso de su vida. Todo estudiante es un huésped, un invitado a participar de los acontecimientos educativos. Nadie, por derecho puede quedar excluido a la educación.

Otro de los puntos que debemos tener en cuenta en el proceso de enseñanza-aprendizaje, son los procedimientos pedagógicos, el tiempo dedicado a la enseñanza, los métodos y técnicas que mejoran las prácticas promoviendo la interacción y participación del alumno. Si bien enseñanza y aprendizaje se presentan juntos, es importante que tomemos conciencia pedagógica, que ambos requieren “dedicación exclusiva”. Esto es, planificar la enseñanza, por un lado, y propiciar la construcción de los aprendizajes, por otro. En vinculación, pero reconociendo sus entidades y especificaciones particulares. Un primer aspecto clave está en la importancia que se da al individuo colocándolo en el centro de los objetivos de política educativa y de formación. Las tecnologías de información y comunicación (TIC) han puesto al alcance de las personas la posibilidad de acceder al conocimiento de una forma inmediata.

Tradicionalmente, las fuentes de información brindaron contenidos e información, pero ahora Internet está facilitando además que las personas generen conocimientos, también llamados contenidos, y los “suban” a la red poniéndolos a disposición de todo el mundo, incluso para interactuar, comentar y debatir en torno a ellos. Las personas nunca como ahora han podido acceder a información en tiempo real y, más aún, esa posibilidad opera en doble vía, también puede quien lo desee –y sepa cómo hacerlo– “subir” información en Internet, la cual se pondrá a disposición de miles de millones de usuarios. Esa capacidad de interactuar virtualmente y de acceder abiertamente al conocimiento requiere, para estar al alcance de todos, resolver dos brechas que todavía inhiben la plena capacidad de acceso: la primera de carácter educativo y la segunda conocida como brecha digital.

El desarrollo del rol creativo e innovador depende de tres condiciones. En primer lugar, que los sistemas educativos asuman su responsabilidad de adecuarse a los rápidos cambios que acontecen en el mundo, estableciendo políticas y estrategias dinámicas para la articulación de las demandas y conformando equipos de trabajo con sujetos capaces de crear e innovar. En segundo lugar, determinando lineamientos orientadores para la formación y el perfeccionamiento que estimulen el desarrollo de capacidades creativas en los docentes. En tercer lugar, desde una nueva propuesta, propiciar proyectos de innovación que configuren un docente con gran poder de autocrítica, disposición a modificar y mejorar sus patrones de trabajo para adaptarse a las nuevas exigencias de una institución mejor articulada con su comunidad, flexible para interpretar situaciones y para diseñar con el grado de originalidad que ellas demandan, nuevos estilos de trabajo.

La escuela y el proyecto que ella desarrolle deben ser receptivo de la cultura de su contexto y activo participante en la misma. Las sociedades cambian a un ritmo más rápido que la escuela y es cada vez más evidente el aislamiento de la cultura escolar, cerrada a la dinámica de la creación cultural externa y a los problemas cruciales de las sociedades y de los hombres. Esta desconexión entre la escuela y la sociedad explica la obsolescencia de muchos de los contenidos curriculares y la falta de aprovechamiento de recursos externos. Las instituciones escolares tienen que plasmar en su organización, en sus prácticas pedagógicas y en su currículo su vocación de apertura y su capacidad de dar acogida a las múltiples expresiones y preocupaciones de la población, adecuar sus proyectos educativos a los requerimientos de la comunidad, y para aprovechar, a su vez, los recursos educativos y económicos de la comunidad, concitando su apoyo y comprometiéndola con el proyecto educativo del establecimiento.

La educación, se puede entender, como un campo multidimensional que gestiona el conocimiento desde una esfera formal y académica, pero también lo hace desde una esfera informal en la que los saberes populares y la capacidad propia de un grupo de personas o comunidad pueden producir conocimientos contextualizados y aportar a su desarrollo social. Por lo tanto, la educación es la semilla para la transformación y el progreso de una sociedad, en primera instancia permite trasmitir los saberes, las costumbres, la cultura, de una generación a otra, o hacer transferencia entre diferentes grupos poblacionales, en segundo lugar, va más allá de un discurso político y toma forma según el contexto social, político, histórico, etc.; y las prácticas que en este se desarrollan.

Abrir el espectro de la educación de las formalidades institucionales, permite girar la mirada de lo tradicional e incorporar nuevos actores y otras maneras de gestionar los aprendizajes más allá de los muros escolares. El contexto territorial de una escuela, es decir la comunidad en la que se encuentra inmersa, es un invaluable potencial para resignificar el concepto de educación, enseñanza y aprendizaje, y justamente, en la primera parte de este texto se desarrolla esta idea.

Los paradigmas en la educación han evolucionado lentamente con respecto a los cambios sociales y la manera de abordarlos, las necesidades de los contextos específicos cada vez repelen más la idea de una educación universal que forme ciudadanos con la misma escala de valores y conocimientos, haciendo caso omiso de la evidente diversidad humana que se hace visible en todos los contextos sociales, incluso compartiendo una misma cultura, generando como resultado la exclusión y la falta de garantías para muchos niños, niñas, jóvenes y adultos.

Los valores democráticos, la participación, el respeto por la diferencia, la solidaridad, la inclusión social y el trabajo en equipo se han convertido en los retos que la educación debe aprender a gestionar para conseguir, no solo, el acceso a un derecho de muchas personas, sino el desarrollo humano de una sociedad. Las experiencias activas y pertinentes para contextos específicos toman fuerza para transformar la educación en un ejercicio reflexivo y aplicativo que motiva la construcción de conocimientos colectivos y colaborativos que puedan impactar a una comunidad que incluye la institucionalidad escolar como parte. Ahora lo importante es buscar la preservación de la diversidad, desde el respeto por las diferentes formas de hacer y visionar lo que las poblaciones consideran más adecuado para sí mismas. Lo que se sugiere desde esta perspectiva, es atender a nuevas formas, que reivindiquen los conocimientos populares y las formas naturales de relacionamiento entre las personas; sin ir a estrategias que subordinen y sean poco legibles para las poblaciones.

Una renovación pedagógica, invita a pensar de forma crítica y creativa el cómo se concibe y se ponen en escena los procesos de enseñanza - aprendizaje, es el pretexto para las transformaciones y cambios, rompiendo los esquemas tradicionales y privilegiando la participación de diferentes actores que componen una comunidad educativa.