17 de abril de 2021

Dra. Ana Cerini. Paraná, Entre Ríos, Argentina
Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.
Algunas reflexiones sobre la necesidad de educar en valores, para poder llegar a la sustentabilidad en nuestro tiempo.

Hace 50 años que, con indignación, observamos la creciente marginalidad en que se ha recluido a las personas en nuestro tiempo; con certeza señalamos que esto ha acontecido al instalarse en el mundo a nivel global una economía capitalista de mercado, que fue profundizada al conformarse en su carácter de capitalismo liberal, ya no de producción, sino financiero.

En el debate pedagógico contemporáneo se evidencia la consideración de la crisis en que viven las personas y por ende, sus alumnos, y la deshumanización que la conducción del mundo va mostrando, en su consideración, respecto a lo humano. 

II Congreso Iberoamericano de Docentes. Docentes frente a la pandemia

Recientemente he leído un título que me impactó, ya que decía: “¿4 millones de años de evolución para llegar a esto? de Ricardo Natalichio, en Ecoportal”, mientras mostraba niños de diferentes procedencias comiendo basura en una hondonada. Este autor destaca que “luego de miles de años de evolución el ser humano creció mucho tecnológicamente…pero no hizo lo mismo en su conducta con actos de bondad y solidaridad y mucho menos erradicar males de nuestra sociedad como las guerras, la depredación de los recursos naturales, los odios étnicos o religiosos.”

Al mismo tiempo observo que la educación no se olvida de sus alumnos y sale a buscarlos adonde los halle y trata de ayudarlos a salir de tal marginalidad, para que un día logren revertir la situación. Siempre que el mismo mundo financiero se los permita, ya que, si sigue del mismo modo que hoy, no veo muchas posibles salidas.

Es mi pensar que la riqueza del mundo son sus personas. Son ellas las que inventan las máquinas y toda tecnología, descubren nuevas líneas posibles de producción para la alimentación y cuidado de la salud. Con ello quiero señalar que no alcanza con que solo algunos pocos puedan tener respaldos económicos muy grandes, en tanto muchos, no logren lo mínimo indispensable para vivir.

Entender la sustentabilidad educativa, hace referencia a la necesidad de formar a todos y a cada uno en valores de humanización, solidaridad, verdad, certeza, pensamiento científico, igualdad, honestidad, y acompañamiento con el más vulnerable.

Ante la pandemia terrible que acontece a nivel mundial, en mi país se acaba de sancionar una ley que aplica un aporte extraordinario a las grandes fortunas para poder solventar parte de los gastos que el gobierno debe afrontar en vacunas y alimentos para los que han quedado sin trabajo y los más vulnerables. Es necesario señalar que dicho aporte, al aplicarse sobre una base imponible suficientemente elevada, deja como sujetos que deberán aportar a un número menor al uno por ciento de la población. 

Frente a lo recientemente señalado, sorprende ver que, quienes más poseen son los que están buscando no hacerlo. Para ello intentan borrar registros de declaraciones impositivas de años anteriores, que son la base de cálculo para el aporte aludido, y/o apelan ante el poder judicial. Ante esta última situación, veremos qué criterio adopta dicho poder: si les hace lugar, o resuelve lo que sería justo.

Todo muestra un gran egoísmo, y no consideración de los otros, cual hermanos de la misma especie que conviven en el mismo suelo. 

Educar para la sustentabilidad es ciertamente enseñar a respetar el planeta, buscando que lo creado pueda seguir siendo una realidad y no sea una reversión y destrucción hecha por los hombres y sus ansias de enriquecimiento a cualquier costo.

Reconocemos que el sistema educativo se ha aggiornado para brindar las mayores y mejores respuestas posibles, y lo han hecho conscientemente muy bien, gracias a la esforzada actividad de los docentes, que sin preparación específica enfrentaron la situación de educar desde la virtualidad.

Cierto es que la educación se encuentra abocada a atender a sus alumnos, lo que la lleva a una crisis, otra vez Ante ello, recordamos a Péguy quien afirmaba que “las crisis de enseñanza no son crisis de la enseñanza, son crisis de vida”. En esta oportunidad la crisis de vida se refleja en una gran ausencia de valores en gran parte de la ciudadanía, a lo que se añade una terrible situación de contagios masivos por el coronavirus, lo que permite observar la inequidad entre los diversos grupos de habitantes y la falta de solidaridad entre gran parte de ellos.

Destacamos que lo que acontece entre las personas, también acontece entre los países. Los medios de comunicación relatan que hay países -los más ricos- que han acumulado vacunas en una cantidad mucho mayor que la de su propia población, en tanto hay muchos países que no consiguen las necesarias para atender a sus habitantes, aunque se manifiestan querer pagarlas también. Lamentablemente ninguno ofrece compartir esas que tiene de más.

Cuidar al medio ambiente, es también cuidar a los ciudadanos que habitan el planeta. Ya se ha abusado tanto del planeta que las limitaciones del mismo han sido superadas; por lo cual, varios científicos, se hallan estudiando posibilidades de vida en otros planetas medianamente similares, que, tal vez con algunas adaptaciones, los humanos podrían llegar a vivir. Hasta hay ciertas organizaciones y/o emprendimientos que proyectan viajes al espacio, a modo de viaje turístico. (Vez pasada leí en un periódico el nombre de una persona que ofrecía participar de uno de estos viajes de placer por el espacio para el año próximo.)

Como podemos suponer, si aconteciera el tener que habitar en otros lares del universo para sobrevivir, sólo podrían llegar quienes cuenten con cifras económicas muy poderosas, y los demás quedarían en el planeta que fenece

Para que todos los habitantes puedan tener una vida digna y reconocida, es necesario cuidar la salud de las personas y del medio ambiente en su totalidad.

Muchas veces he analizado la actitud de algunos países, muy desarrollados y económicamente ricos, en las Cumbres de la Tierra, adonde se abordan las temáticas acerca del cuidado de la misma. Con pena he visto que antes de concretar la firma de tales tratados, estos países se retiran, para no comprometerse. Y cuando algún presidente ha firmado estos tratados, llega un sucesor que los borra. Deja así a la tierra abusada por los que más poderío económico tienen.

Si la educación no busca enseñar valores y, mejor aún, llegar a consolidar virtudes, en su alumnado, llegará un momento que todo será tierra de nadie.

Consideremos que ya los griegos en tiempos antiguos afirmaban que formar en valores y virtudes, profundizaba lo verdaderamente humano en cada quien, con vistas a una sociedad valiosa, para toda la polis, incluyendo a quienes no podían participar de la misma, como ciudadanos plenos.

Si ya en ese tiempo lo veían como justo, nosotros que llevamos ya muchos años de democracia, de racionalidad, intelectualidad y desarrollo científico ¿no podemos ser mejores?

Vuelvo a retomar algo que en el comienzo de esta reflexión anotaba: el egoísmo imperante de quienes más tienen, en relación a los más débiles y vulnerables, tanto entre personas como entre países.

En las enseñanzas del Papa Francisco en Laudato Si y en Fratelli Tutti, va haciendo referencia a esto mismo que he señalado.

En Laudato Si aborda el cuidado de la casa común..., pero su mensaje central va dirigido a la necesidad de cambiar urgentemente el sistema social, económico y político en que se desenvuelve el mundo, que es la real causa del abuso y no cuidado de la casa común.

En Fratelli Tutti apela de modo urgente a la fraternidad y a la amistad social como medios de reconstrucción de un mundo herido

Educar para la Sostenibilidad