14 de septiembre de 2021

Por Patricia Guijarrubia
Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA). Especialista en pedagogías para la igualdad en contextos socioeducativos diversos (UBA). Profesora de nivel superior. Columnista en Pedagogías Utopistas. Red Iberoamericana de Docentes.
En las arenas nordestinas de Recife, en las colinas de Jaboatão dos Guararapes, en las costas chilenas, en los mosaicos selváticos de Guinea Bissau y en los diferentes caminos de Paulo Freire perduran sus escrituras andantes. En cercanos y lejanos lugares del mundo se (re)leen los libros del “educador de continentes”1.

Recorrer sus cartas y ensayos, conferencias y entrevistas, es andar entre palabras vívidas que inspiraron e inspiran. En escuelas, profesorados, universidades, en comunidades de base, en las aulas campesinas, en los sindicatos, en las caicaras2, circulan sus críticas contundentes y sus reflexiones propositivas.

En etapas democráticas, un amplísimo abanico de docentes, periodistas, trabajadoras/es sociales, legisladoras/es, cooperativistas, filósofas/os, psicólogas/os sociales, ecologistas, urbanistas e investigadoras/es también deslizan las hojas impresas o digitales de cada publicación freireana. Incluso en crueles días dictatoriales, ante la prohibición se tejían rebeldías para sus lecturas.

¿Por qué, en diferentes lugares y tiempos, en diversas profesiones y campos disciplinares, se leen y releen sus obras? Porque interpelan a la humanidad toda en su propia esencia. Porque amalgaman preguntas existenciales y cuestiones epistemológicas siempre vigentes, e interpelan la deshumanización y las injusticias que ésta conlleva.

Paulo Freire propone revertir la condena asfixiante de la deshumanización a partir de la transformación social, conjugando procesos tan críticos como participativos, tan reflexivos como activos, tan dialécticos como fundamentados, tan dialógicos como emancipadores, tan colectivos como complejos y multidimensionales.

Un compañero de sus “andares”, Carlos Núñez Hurtado, nombra a Paulo como “el ser humano más humano que ha conocido”, y agrega:“Vital, fresco, siempre en la búsqueda de la coherencia, se nos presenta él mismo con sus dudas, sus angustias y sus hallazgos y sus legítimas reivindicaciones”3.

Sus vivencias, pensamientos y experiencias, redactadas con tanta humanidad en tan prolífera, nutriente y nutricia obra, convidan a leer el mundo. Esto implica la comprensión crítica de la realidad y supone, además, denunciar y anunciar. Denunciar (revelar) los sufrimientos de las y los oprimidas/os, develar la indignación que manifiesta presencia de sensibilidad humana. Contrariamente, los procesos de deshumanización insensibilizan, obturan y fosilizan; incluso originan una adaptación tan sumisa como acomodaticia, tan fatalista como inmovilizante.

“La ideología fatalista dominante estimula la inmovilidad de los oprimidos y su acomodación a la realidad injusta”,advierte Paulo en Pedagogía de la Indignación (1997).Entonces,además de denunciar (revelar),es necesario anunciar la génesis y concreción de tiempos mejores, albergando la posibilidad de otros mundos posibles, y esto implica: recuperar y sostener la esperanza.

“La esperanza tiene tanta importancia en nuestra existencia, individual y social, que no debemos experimentarla en forma errada, dejando que resbale hacia la desesperanza y la desesperación. Desesperanza y desesperación, consecuencia y razón de ser de la inacción o del inmovilismo”, escribe en Pedagogía de la esperanza (1992).

Sostener la esperanza es considerar que el futuro no es inexorable sino problemático y que es posible construirlo/reconstruirlo. Un mañana no reducido a la preservación del hoy o a su reproducción, un porvenir germinado de sueños y utopías, capaz de subvertir lo establecido.

Como transcribe Ana Lucía Souza de Freitas en el prefacio de Pedagogía de los sueños posibles (2015),“Soñar es imaginar horizontes de posibilidad, soñar colectivamente es asumir la lucha por las condiciones de posibilidad. El sueño posible no es una idealización ingenua, sino que surge de la reflexión crítica sobre las condiciones sociales de la opresión, cuya percepción no se vuelve determinista sino que comprende la realidad como algo mutable a partir de la participación de los sujetos que la constituyen y son igualmente constituidos por ella”.

Leer y releer a Paulo Freire invita a denunciar y anunciar con vehemencia y esperanza activa, considerando al futuro no inexorable, gestando y concretando utopías colectivas.

Los tres libros citados, es decir, convidados (Pedagogía de la esperanza, Pedagogía de los sueños posibles y Pedagogía de la indignación), comienzan con la misma palabra, ya que Paulo fue y es pedagogo. Como tal , altera la mirada sobre las múltiples dimensiones educativas: la construcción de vínculos de igualdad , la práctica de la libertad, la ampliación de horizontes y universos vocabulares, la primacía dialógica, el reconocimiento de los saberes de todas y todos, entre tantas revoluciones freireanas. Simultáneamente, trasciende el campo del enseñar y aprender, aportando certezas (que a su vez hacen dudar) para todas y todos quienes quieran anunciar la construcción de otras realidades posibles y trabajen para ello.

Leer y releer a Paulo Freire para reconocer y valorar, alimentar y perfeccionar sistemas democráticos, inclusivos y respetuosos de la humanidad y de la naturaleza, que abrazan a las nuevas generaciones y a todas con sincera bienvenida de igualdad en la diversidad, de derechos desplegados en profundidad, de información cuidada y veraz, de ampliación de horizontes culturales, de educación constante y emancipadora para todes.

Bajo la sombras de los “árboles de pan”5 recifenses, de las papayas de Jaboatão dos Guararapes, de los canelos chilenos, de los cedros ginebrinos, de los manglares guineanos y de los infinitos verdes universales, leer y releer las obras de Freire es despertar, es cuestionar y cuestionarse, conmover y conmoverse. Reinaugurar reflexiones e impregnarse de esperanza colectiva. Dignificar espacios y tiempos, desde Recife, nuestramérica, al mundo.

Este artículo se publica simultáneamente en Revista Novedades educativas N° 368 y en “Impresiones Edición N°3 Pedagogía nacional, Revista de la Editorial de la Imprenta del Congreso de la Nación Argentina.

Notas:
1) En 1992, Paulo Freire recibió el premio Andrés Bello “Educador de continentes”, de la Organización de los Estados Americanos, que destaca la labor de investigadores que contribuyan a vincular ciencia y humanidades.
2) Las caicaras son refugios construidos con hojas de palma a orillas del mar.
3) Para profundizar esta semblanza, ver el prólogo del libro Pedagogía de la esperanza: Un reencuentro con la Pedagogía del oprimido, citado en la bibliografía.
4) En el prefacio a cargo de Ana Lucía Souza de Freitas.
5) Un árbol cercano a su casa natal, nombrado en la tercera carta que le escribe a su sobrina Cristina.

Referencias bibliografías:
- Freire, P., Cartas a Cristina. Reflexiones sobre mi vida y mi trabajo, Siglo XXI (1996).
- Freire, P., Pedagogía de la esperanza: Un reencuentro con la Pedagogía del oprimido, Siglo XXI, (2010).
- Freire, P., Pedagogía de la indignación: Cartas pedagógicas en un mundo revuelto, Siglo XXI, (2012).
- Freire, P., Pedagogía de los sueños posibles: Por qué docentes y alumnos necesitan reinventarse en cada momento de la historia, Siglo XXI, (2015).
- Kohan, W., “Paulo Freire: otras infancias para la infancia”, en Praxis & Saber 11(25), 279-316.https://doi.org/10.19053/22160159.v11.n25.2020.10482
- Puiggrós, A. De Simón Rodríguez a Paulo Freire: educación para la integración latinoamericana, Colihue (2015).