14 de enero de 2022

Al parecer, el único que se ha reinventado en la pandemia, es el coronavirus”. Redes sociales

Cesar Vicente Benavides Torres
Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.
I.E.M. Aurelio Arturo Martinez
Casa De La Ciencia Y El Juego
Universidad De Nariño
Facultad De educación
Pasto Nariño Colombia

Los virus cambian constantemente a través de la mutación. Cuando un virus tiene una o más mutaciones nuevas, se lo conoce como una variante del virus original. A pesar de las vacunas producidas por la ciencia, aún no salimos de la pandemia y cada día nos sorprenden las nuevas variantes que aparecen en forma periódica, ante el asombro, la impaciencia y la poca solidaridad mundial. Si no nos vacunamos, al menos al setenta 70 por ciento de la población mundial, será muy difícil salir de esta encrucijada de salud global. Una niña de grado quinto de la institución Aurelio Arturo Martínez, en su mensaje que colocó a su dibujo en el concurso Pintando la pandemia lo resume de una forma magistral: “Si todos nos cuidamos, saldremos adelante”. Pues, no todos nos cuidamos, ni todos tenemos acceso a la vacuna, ni todos se quieren vacunar. Ya tenemos noticias de la variante Deltacrón, sin salir por ahora de la contagiosa variante ómicron.

Sin embargo, pese al panorama sombrío, hay algo que nos enseña el coronavirus y que podemos utilizar en forma positiva. Boaventura de Souza se refiere a la “cruel pedagogía del virus” y señala lo difícil de aprender en medio de esta catástrofe sanitaria que afecta muy fuerte, sobre todo al sistema educativo. En este artículo trataremos de aproximarnos al inhumano aprendizaje que podemos extraer de las variantes.

Las nuevas variantes, demuestran un incesante cambio, para sortear los nuevos contextos que le presenta una población vacunada, asociada a la que no quiere acceder a este servicio de la ciencia. Comenzamos con la variante alfa, beta, gamma, delta, mu, omicrón y ahora una nueva combinación de las dos últimas que se funden en la variante deltacrón. Sin entrar en las consideraciones genéticas, podemos decir que es una máquina de cambios permanentes, que interpretando el ambiente que le rodea, se transforma, muta, cambia, evoluciona, innova, se moderniza, para afinar su mensaje mortal.

Si utilizamos la metáfora de las variantes del coronavirus, con el sistema educativo, podríamos apropiarnos del cambio que subyace en sus entrañas, para aplicarlo al sistema educativo en toda su dimensión. En menos de dos años, el virus nos ha presentado no menos de seis variantes y no será raro la aparición de otras tantas. ¿Nos preguntamos, cuántas variantes estamos experimentando en el sistema educativo actual, que nos depare un nuevo modelo educativo?

Esta reflexión aparece por cuanto a todo nivel, se grita en todos los puntos cardinales, el regreso a la presencialidad. Y estamos de acuerdo, que en forma paulatina y con todas las medidas de bioseguridad, regresar a la vieja normalidad, le sirve a las niñas y a los niños. Pero la pregunta que queremos formularnos es, que tipo de normalidad es la que tenemos en mente: ¿La misma que antecedió a la pandemia? ¿Una educación memorística, repetitiva, acumulativa? ¿Aquella que castra la curiosidad, la imaginación? ¿La que no permite pensar?, ¿La de las notas cuantitativas y la de contenidos fragmentados en asignaturas?, La que nos hace ver que la escuela y la vida cotidiana están divorciadas? ¿De cuál normalidad estamos hablando? Junto a las voces de volver la educación in situ, no se escuchan frases diferentes que nos obliguen a repensar la educación, con interrogantes como: ¿Lo que estábamos haciendo, era lo correcto?, ¡Cuál es el nuevo currículo que se debe ofrecer en tiempos de pos pandemia?, ¿La evaluación se debe transformar?, ¡Los contenidos son los pertinentes para esta época?, ¿Las edificaciones donde se imparte la educación son las adecuadas?, ¿La alimentación realmente nutre?, los espacios para el juego y la diversión son suficientes?, ¿Los maestros tenemos que transformarnos?, ¿La financiación es la adecuada?. Es decir, valdría la pena que el retorno a clases presenciales, estuviera acompañado de poderosas reflexiones que cambien y transformen lo que no funciona y podamos en forma periódica y constante, como las variantes, estar transformándonos para atender y entender el contexto histórico que nos tocó vivir. De no ser así, hago eco de una frase que recogí en las redes sociales y que es parte de la actual meditación y que resumiría el estado actual de la educación en el mundo: “Al parecer, el único que se ha reinventado en la pandemia, es el mismo covid 19”.

Algunas noticias en Colombia sobre el regreso a la presencialidad muestran lo dicho anteriormente: “El Ministerio de Educación confirmó que el retorno a clases presenciales en colegios de Colombia ya es un hecho”. “La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) ha expresado su preocupación por la "falta de garantías" en el proceso de presencialidad en los colegios”. En Latinoamérica se preguntan: ¿América Latina terminará en 2022 con el cierre de escuelas más largo del mundo? Cuáles son los efectos y consecuencias a corto, mediano y largo plazo del “cierre de escuelas por Covid-19 más prolongado, generalizado e ininterrumpido” a nivel global?. Y así las noticias instan a las autoridades para reabrir las escuelas, universidades y retornar a la “normalidad”. Lo que estamos planteando, es que no es suficiente con abrir las aulas en el año 2022. Es necesario aprender de las variantes del covid 19. La pregunta central que debemos formularnos en la escuela, es ¿Qué tenemos que cambiar?, ¿Qué es lo que tenemos que transformar? ¿Qué es lo que tenemos que innovar?, ¿Qué es lo que tenemos que transformar, imaginar, reinventar, para que la escuela, como las variantes del Covid, muten, se reinventen y no pasemos estos dos años de no presencialidad, como si fuera una experiencia dolorosa, pero que no nos deja ninguna enseñanza y la educación siga como si nada hubiera pasado?
Tengo en mis manos el libro de Fabiana Fondevila denominado “Donde vive el asombro”. Ella propone un viaje para: “Despabilar la mirada, despertar los oídos, agudizar el olfato, respirar hondo”. Ella propone comprender las leyes de la orquesta maravillosa que es el universo, abrazar la multidimensionalidad de la vida: aparear la luz con la sombra, el ser con el hacer, el dar con el recibir, sentir el éxtasis de estar vivos, nos invita a ir por donde nunca fuimos, reavivar la alegría de estar aquí, despiertos y juntos en esta esfera verde azul que gira en el espacio. Es una metodología novedosa, que propone nueve estaciones de un mapa imaginario, que no es lineal y se puede entrar por el territorio que prefiera: El vergel, el jardín secreto, el río fantástico, el pico visionario, el pantano, la aldea, el fuego sagrado, el faro, el océano infinito. El propósito del mapa se habrá cumplido, si tras visitar un territorio determinado, quedan ganas de volver. Se puede recorrer el mapa, solo, acompañado o con guía. Fabiana nos propone una nueva mirada, que yo considero se puede y se debe aprovechar en esta nueva era educativa, que la pandemia nos ha permitido explorar. Así deben existir múltiples reinvenciones, que deben ser objeto de los diálogos de docentes, directivos, ministerios, secretarias de educación, con el fin de que el cambio llegue a las aulas, a los pupitres, a los corazones de niñas y niños y no le dejemos el cambio solo al virus, que, a pesar de su contagio, nos sigue enseñando y es deber de toda la comunidad educativa aprender en forma consistente, tanto como cambia el virus.
Estamos pereciendo por falta de asombro, escribió G.K. Chesterton y no podemos permitir que perezca el asombro en la escuela o la universidad. Es necesario que identifiquemos los salvavidas que podemos encontrar, en los diálogos consensuados que podemos establecer con las niñas y niños, jóvenes y señoritas, maestros y maestras y directivos de todas las jerarquías. 
Francesco Tonucci, señala que “La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet.". Agrega además que: "Necesitamos de los niños para salvar nuestros colegios". Propone la necesidad de entender, que no es necesario que los maestros llenen de contenidos a sus estudiantes, sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los documentales televisivos. "¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el tiempo para jugar. Y mucho", es parte de su decálogo.
Es hora de aprender del cambio que experimentan las variantes del virus y traducirlo en el aula de clase en innovaciones estructurales. Heráclito, filósofo griego que vivió 500 años antes de Cristo, sostenía que el cambio es vida y que nada es estable. “Lo único que no cambia es el cambio”, es una de sus sentencias más conocidas. Aprender de las variantes del virus, es un gran reto y una gran oportunidad, si somos lo suficientemente inteligentes para aprovechar esta crisis mundial en la educación y transformarla en forma permanente como lo hace el virus.

Nuevos aires estructurales deben soplar en tiempo de pos pandemia en el sector educativo mundial. Abrir las aulas no es suficiente. Se necesita una profunda reflexión consensuada.
 
Referencias:
https://www.lanacion.com.ar/cultura/la-mision-principal-de-la-escuela-ya-no-es-ensenar-cosas-nid1085047/
Fondevila, Fabiana. Dónde vive el asombro. Editorial Sirio. 2021