3 de agosto de 2022

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Francisco José Redondo Sanz, Universidad Internacional de Valencia

Los exámenes han sido, son y serán un instrumento clave para evaluar los contenidos aprendidos y cómo estos han sido asimilados por el alumnado. Dejando clara su importancia, existen otros instrumentos de evaluación perfectamente válidos que permiten evaluar sin tener que recurrir a los “temibles” exámenes.

Las leyes actuales en educación se fundamentan en la adquisición de competencias, y estas competencias chocan en la mayoría de los supuestos con las evaluaciones tradicionales.

Por esta razón, y prácticamente en cualquier etapa educacional, se están implantado metodologías y tipos de evaluación (coevaluación, heteroevaluación, autoevaluación) que permiten añadir más instrumentos de evaluación.

Estas metodologías y tipos de evaluación o bien omiten el examen o bien otorgan a los exámenes un porcentaje en la nota de evaluación final menor del que solían. Estos porcentajes han ido bajando progresivamente, pasando a tener un valor entre un 30 % a un 40 % en las etapas de educación superior.

Estas nuevas metodologías, aunque no son tan nuevas, incorporan modelos de aprendizaje activos y dinámicos con un componente holístico, que integra al alumnado en su propio aprendizaje. Son métodos que priman la participación y lo práctico, a la vez que se introducen los contenidos a aprender.

Hablamos de metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, la gamificación o el aprendizaje cooperativo.

Estas metodologías permiten la colaboración, la resolución de problemas, la utilización de las técnicas y dinámicas de los juegos para aprender.

Aumentan el interés y la motivación del alumnado, y crean espacios compartidos de aprendizaje colaborativo.

Otras formas de evaluar

Las metodologías descritas cuentan con una serie de herramientas, actividades y recursos que permiten analizar si los alumnos asimilan la asignatura sin tener que recurrir a los exámenes.

Los portfolios (conjunto de trabajos o actividades) incluyen diversas actividades aplicativas o competenciales que son capaces de evaluar la asimilación de contenidos a la vez que se van integrando dichos contenidos en el aula.

Entre estas actividades prácticas podemos destacar el estudio de casos, la resolución de problemas, el debate crítico, los análisis DAFO, los comentarios de texto, gráficos y tablas, las infografías, los mapas conceptuales, etc.

Evaluación digital

Existen también diferentes recursos digitales que permiten evaluar de forma adecuada. Las webquest, por ejemplo, permiten la búsqueda de información para ampliar contenidos vistos en clase.

Consisten en la búsqueda de información utilizando recursos web para realizar un trabajo final que puede ser evaluado, con una presentación oral, que puede ser tanto individual como colectiva, y puede generar un debate.

Aplicaciones como Kahoot, Hot potatoes, Wordwall, entre otras, permiten realizar infinidad de ejercicios evaluables de una unidad concreta y, además, sirven como repaso de la asignatura.

La importancia de la rúbrica

Prácticamente, todas las actividades tienen una rúbrica de evaluación con criterios e indicadores de logro o estándares de aprendizaje evaluables. La rúbrica establece una tabla con los aspectos que se evalúan en una determinada tarea o habilidad y los niveles de cumplimiento.

Al utilizar estas tablas, el proceso de evaluación se simplifica y, además, se explica qué características tienen que cumplir los trabajos del alumnado para que se les asigne ese nivel y la puntuación o valor numérico correspondientes. La transparencia del proceso de evaluación hace que los alumnos entiendan mejor qué se espera de ellos y por qué han obtenido una calificación determinada.

Los futuros maestros prefieren el portfolio

En una encuesta realizada a 139 alumnos de un máster de formación del profesorado de Secundaria y Bachillerato, el 47.48 % de los alumnos encuestados no querían realizar el examen final de la asignatura y preferían el portfolio.

Los que prefieren los exámenes consideran que se establece un reto, un propósito, y se realiza un esfuerzo. Sin embargo, establecer entregas guiadas con su correspondiente evaluación continua o final también permite poner en evidencia tanto el esfuerzo del estudiante como del profesor.

Nuevos tiempos educativos

Los tiempos cambian deprisa, también en el ámbito educativo, donde de la lección magistral que introducía los contenidos hemos pasado a metodologías activas con un cambio de rol del docente.

El docente pasa a ser un guía que acompaña al alumnado en el proceso de enseñanza y aprendizaje, y se convierte en curador, seleccionador, de contenidos.

La lección magistral no tiene por qué desaparecer, puesto que es fundamental para impartir e introducir los contenidos de las asignaturas. Pero a ella se unen cada vez más las metodologías que utilizan contenidos más prácticos que teóricos.

De esta forma se fomenta, entre otras competencias, la de aprender a aprender.

En palabras del filósofo chino Confucio:

“Me lo explicaron y lo olvidé.

Lo vi y lo entendí.

Lo hice y lo aprendí”.

Aprender haciendo y, por lo tanto, evaluar lo que se está haciendo, resulta imprescindible para poder llegar a superar el proceso de enseñanza y aprendizaje del alumnado.

Para ello, los exámenes a la antigua usanza no son imprescindibles; pueden ser un complemento a toda la evaluación, pero podemos olvidar su papel como un fin en sí mismo hacia el que orientar la enseñanza.The Conversationhttp://theconversation.com/es/republishing-guidelines —>

Francisco José Redondo Sanz, Profesor de innovación docente y Geografía, Universidad Internacional de Valencia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.