4 de mayo de 2020

Mag. Susana Alicia Bartolotta, Buenos Aires, Argentina. Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.

El problema de la contaminación ambiental atraviesa prácticamente todos los sectores de la actividad social incluyendo la educación, la salud, la ciencia y la tecnología. Rachel Louise Carson (1907-1964), en un contexto de posguerra de ríos contaminados y cúmulos de pesticidas, fue la pionera en alzar la voz y educar para la sostenibilidad, promoviendo conciencia ambiental frente a un paraíso agroquímico que estaba asolando los ecosistemas y que tristemente persiste en la actualidad.

Foto: Rachel Carson, la mujer que acabó con el DDT y fundó el ecologismo. Su libro "Primavera silenciosa" logró erradicar el DDT y marcó el nacimiento de la preocupación por el deterioro del planeta por la acción humana.

La crisis ambiental se hizo evidente como resultado de una irracionalidad ecológica que en la posguerra justificó el uso indiscriminado de plaguicidas para otra batalla, la guerra contra las plagas.

Estados Unidos y muchos otros países, sin ningún fundamento científico, promocionaban los pesticidas como inocuos para el hombre y su entorno natural. Es así que la industria química incrementó la venta de DDT, Paration, Carbaryl, Heptacloro y Toxafeno, entre otros, para un cielo poblado de avionetas que no solo rociaban los campos, sino también las huertas, las casas, los jardines y a cada uno de los habitantes de las áreas de fumigación.

En 1958, Carson ya había reunido muchas evidencias de los peligros no solo del DDT sino también de otros pesticidas. Su profunda preocupación era el motor para continuar investigando y analizar la información que recibía no solo de sus pares sino también de los pobladores de zonas impactadas por los venenos ambientales que advertían una alta mortandad de aves. 

En este escenario, en 1962 y luego de numerosas investigaciones sobre el peligro de los químicos en los ecosistemas humanos, la Bióloga y naturalista Rachel Carson, tras publicar varios libros, escribe su obra maestra: “La primavera silenciosa”. En cada una sus páginas, con argumentos científicos demoledores sobre el daño de los agroquímicos en los seres vivos, alcanza un impacto arrollador en la opinión pública y a la par gana numerosas críticas de todos aquellos que lucraban con esta industria. 

Rachel vivía en una zona rural donde cada primavera era característico escuchar el canto de las aves. A lo largo del tiempo, contaba no solo con su propia experiencia de escucharlos cada vez menos, sino también los reportes recibidos de pobladores de zonas fumigadas que advirtieron una alta mortandad de animales, incluyendo las aves, panorama desolador que dio lugar al título del libro.

Rachel Carson ayudó con su publicación y sus continuos testimonios, años después de su muerte en 1964, a la creación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), a controlar el uso del DDT y de otros pesticidas, a la celebración del Día de la Tierra, a las leyes que se dictaron en muchos países del planeta sobre pesticidas, insecticidas, fungicidas, rodenticidas y productos similares y al desarrollo del movimiento político-filosófico que hoy llamamos ecologismo.

La autora desafió a uno de los problemas más dolorosos que la Revolución Industrial y las conductas inapropiadas de nuestra especie en el siglo XX, han dejado como herencia a nuestro futuro: la contaminación ambiental y sus impactos en la morbilidad y mortalidad de los seres vivos que están en permanente contacto con los productos químicos.

En pleno siglo XXI la situación se ha agravado. Hoy, en pleno confinamiento por el coronavirus, contrario al sentido común de mejora ambiental cuando observamos animales invadiendo las calles casi desiertas y especies acuáticas poblando las aguas antes más contaminadas, se estaría acrecentando el uso de plaguicidas. En Argentina durante el período 1993- 2018, el incremento fue del 500% y ha seguido aumentando hasta hoy, como parte de los agronegocios en vastas zonas del país.

Numerosos reclamos vecinales mencionan que las fumigaciones están extendiéndose hasta las casas con absoluta impunidad aunque algunos fallos judiciales prohíban las pulverizaciones aéreas a menos de 3000 metros y 1000 metros en el caso de las terrestres, restos de herbicidas con niveles de hasta 25 veces más que los valores de referencia son encontrados en la sangre de las personas que viven cerca de los campos agrícolas.

La primavera silenciosa de este siglo es un riesgo para la naturaleza y la sociedad y una vez más la urgencia de educar contra el veneno es responsabilidad de todos.

Al respecto, existe una significativa preocupación por la desinformación de la población sobre el impacto de los agroquímicos en el ambiente y en este sentido es coherente pensar en el rol fundamental de la educación en todos los niveles formativos. Los profesorados y la universidad deberían intensificar la formación de agentes multiplicadores que trabajen educando a las familias rurales y a los miembros de las escuelas agrotécnicas, que en la mayoría de los casos desconocen las normativas de prevención en el manejo de los químicos y sus envases, los alimentos que consumen y el contacto con aire, suelo y agua contaminados.

Los agrotóxicos se bioacumulan en el ambiente y se biomagnifican, es decir se extienden a toda la cadena alimentaria. La exposición a bajas y medianas dosis puede producir daño genético, enfermedades crónicas, abortos espontáneos, malformaciones congénitas, atrasos en el desarrollo psicomotor e influyen en el desarrollo de distintos tipos de cáncer y enfermedades endócrinas.

Los impactos ambientales no respetan barreras de tiempo y lugar, transformándose en una cuestión global que reclama distintas iniciativas a nivel internacional.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible tiene por objeto orientar el desarrollo global hacia un paradigma centrado en la sostenibilidad, y promover la implementación de iniciativas y acciones que actúen directamente sobre las causas y los efectos, desafíos que enfrentan hoy los diferentes países para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en los próximos 10 años.

La pérdida de biodiversidad en todo el mundo se ha visto acelerada en los últimos tiempos y nos enfrenta a cambios desconocidos e irreversibles de los ecosistemas terrestres. Según los datos de la Lista Roja, el riesgo de extinción de especies ha empeorado en un 10% en los últimos 25 años y se señala que la diversidad biológica está decreciendo más rápidamente que en ningún otro momento de la historia de la humanidad.

Entre los principales motivos de esta embestida se encuentra la pérdida de hábitat debido a la agricultura insostenible, por tanto se necesitan medidas políticas urgentes, personal idóneo, presupuesto y controles estrictos para reducir los riesgos.

En paralelo, la innovación transformadora requiere modificaciones culturales y de las estructuras sociales. Supone promover cambios en las normas y las actitudes que afectan el comportamiento de las personas y las dinámicas de las instituciones en el ámbito social, económico y ambiental.

En este escenario, la educación para la sostenibilidad es un factor clave y debe ocupar un lugar estratégico. Para ello, se necesitan políticas educativas sólidas, estructuradas y que trasciendan los períodos de cada una de las gestiones gubernamentales ya que la educación es un derecho fundamental para todos, garantiza el acceso a los demás derechos y se constituye en un andamiaje potente y dinámico para el desarrollo.

No obstante, a más de cincuenta años del fallecimiento de Rachel Carson y sus iniciativas educadoras, resta mucho por aprender, sigue siendo indispensable profundizar la incorporación de una visión de desarrollo sostenible a todos los programas de estudio.

En esta trayectoria y valorando a numerosos docentes iberoamericanos que están trabajando arduamente en ese recorrido, necesitamos muchas más voces para que hagan considerable ruido, avancen con más celeridad y consoliden una relación mejorada, equitativa, inclusiva e íntima entre el hombre, la naturaleza y el entorno sociocultural.